
Título original Bicentennial Man
Año 1999
Duración 126 min.
País Estados Unidos
Dirección Chris Columbus
Guion Nicholas Kazan (Novela: Isaac Asimov, Robert
Silverberg)
Música James Horner
Fotografía Phil Meheux
Reparto Robin Williams, Sam Neill, Embeth Davidtz, Wendy
Crewson, Oliver Platt, Hallie Kate Eisenberg, Angela Landis, John Michael
Higgins, Bradley Whitford, Kiersten Warren, Lindze Letherman, Joe Bellan, Brett
Wagner, Stephen Root, Scott Waugh, Jay Johnston, George Wallace, Lynne Thigpen,
Paula West, Mike Elizalde, Mark Garbarino
Productora Columbia Pictures, Touchstone Pictures, Radiant
Productions, 1492 Pictures, Laurence Mark Productions
Género Ciencia ficción. Drama | Robots
Grupos Adaptaciones de Isaac Asimov
Sinopsis
En la primera década del nuevo milenio, con avances
tecnológicos que engullen la soberanía de la compasión humana, Richard Martin
(Sam Neill) compra un regalo, un nuevo robot NDR-114. El hijo más pequeño de la
familia le pone de nombre Andrew (Robin Williams). Andrew es adquirido como
electrodoméstico casero programado para realizar tareas menores. A medida que
Andrew empieza a experimentar emociones y pensamiento creativo, la familia
Martin descubre pronto que no tienen un robot común y corriente
Critica
¿Qué es lo que nos define como humanos?
Interesante cuestión que se debate con delicadeza, ternura y
profundidad en un drama desbordante de matices.
Isaac Asimov, uno de los mayores genios de la
ciencia-ficción literaria de toda la historia, ha sido adaptado a la pantalla
grande con ese aura especial de Hollywood en su apogeo. "El hombre
bicentenario" es un espectáculo visual impresionante, un regalo para los
oídos con su maravillosa banda sonora compuesta por el gran James Horner, y
posee lo que para mí es lo esencial... Corazón, alma, sentimientos y reflexión.
Si Chris Columbus abusa de las tomas lacrimógenas, si se regodea en las
emociones y la afectividad, si saca a relucir un potente caudal dolorosamente
dulce y tierno... Para mí es el mejor rasgo de la película. El hecho de tratar
esa perpetua pregunta acerca de nuestra condición y aunar tan armoniosamente la
ciencia-ficción y el melodrama, y colocarme delante una obra cinematográfica no
ya bonita, sino bella en forma y fondo... Pues se gana de calle a espectadores
como yo.
Porque yo siento igual que Andrew, aunque yo pueda llorar y
él no. Porque la pena y el dolor, y el amor, y el miedo, y todo lo demás que
los humanos experimentamos, no dejan de llamarse del mismo modo y de
experimentarse igual por el simple hecho de no haber nacido humano. Si todo eso
se puede sentir... ¿Qué diferencia hay? Hasta ahora sólo nosotros en nuestro
planeta pasamos por todo ese enorme torrente de oleajes y alfilerazos que se
llaman sentimientos. ¿Y si otros seres alguna vez los poseyeran también? ¿Y si
creáramos seres capaces de poseerlos? ¿Y si otra especie animal evolucionase lo
suficiente? ¿Qué es lo que nos diferenciaría entonces? ¿El exterior?
Pongámonos en situación. Imaginemos a alguien como Andrew.
Es creado siendo una máquina, un robot androide que, por algún extraño
derrotero de sus circuitos, desarrolla una personalidad. Va tomando conciencia
de su individualidad. Y termina por descubrir que es único y que siente.
Evoluciona y madura. Y deja de sentirse como una máquina, porque ha dejado de
serlo en algún escalón de su sorprendente ascenso. Es decir, es el hecho de no
desear ser tachado de "máquina" lo que le da plena conciencia de que
no lo es. ¿Y quién tiene razón?
Porque él va a buscar todos los medios posibles para que la
humanización de su espíritu vaya pareja con la humanización de su cuerpo.
Aunque él sabe que es una persona desde que un día percibió que lo era, también
tiene el anhelo de que el mundo se lo reconozca. No le basta con su propia
certeza, no le basta con la certeza de las personas a las que ama. Necesita la
confirmación.
Y por ello va a dedicar todo su dinero y gran parte de su tiempo (y su tiempo es todo lo largo que puede serlo el de un ente inmortal) a transmitir su humanidad interior a su envoltorio externo.
Trailer
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